EDUCACIÓN BANCARIA
ENTREVISTA CON
ESTANISLAO ZULETA: LA EDUCACIÓN, UN CAMPO DE COMBATE
En Definitiva, más que capítulos y
escenas puntuales en el bachillerato, lo que haría que narrar es toda una
vivencia continua de una educación vaga y confusa como bien lo decía Estanislao
Zuleta en la primera parte de la entrevista con Hernán Suárez. No obstante, quisiera
empezar por el final, por contar que tipo
de bachiller terminé siendo yo. En el 2004 fue homenajeada con la mención
Anillo de Oro por mejor bachiller de esa promoción y mejor perfil de alumna
“Jesús María”, pero lo que realmente significaba era, sin tener precisamente
una actitud competitiva como se menciona en la entrevista, un reconocimiento
por haber sacado mejores notas que mis compañeras; en otras palabras, me
dedique a hacer exactamente lo que me pedían sin muchas preguntas de hacia
donde íbamos con ello o de donde venias aquellas cosas, ajustándome
perfectamente a un sistema sin dificultar las labores escolares de mis profesores.
Ahora entiendo porque nunca sentí realmente y con sinceridad, orgullo por este
reconocimiento. Esta es la verdadera razón, yo era un sujeto más que se
acomodaba al perfecto sistema educativo y social de este país que corresponde a
un modelo mercantil, bajo el supuesto de que continuaría mi formación para ser un buen
técnico, un sujeto con majo de obra calificada para esta sociedad capitalista
de consumo.
Pese a que esto puede resumir y
afirmar que efectivamente mi papel en el bachillerato fue el de un objeto,
pasivo y obediente; quisiera describir episodios de como fueron algunas clases
en particular, de maestros quienes le apostaron a algo diferente o que simplemente
confirmaron como la educación escolar esta realmente en detrimento y en crisis.
En el grado octavo y noveno, mi
profesora de ciencias sociales, realmente logró motivarme a utilizar medios de
información como el periódico y a analizar críticamente fenómenos sociales,
políticos y económicos que ocurrían en aquella época (año 2001 y 2002), por
ejemplo, realizamos todo un análisis continuo, por dos años a todo el proceso
de la guerra de Irak, luego del ataque a las torres gemelas. Adicional a esto,
realizábamos, a manera de tarea, pero era algo que resultaba muy interesante
para mi, escuchar un programa de radio llamado la ”Historia del mundo”, con
Diana Uribe. Esto último confirma que realmente la enseñanza de la historia seguía
y sigue siendo una narrativa, no obstante en este programa se analizaban los
episodios de la historia del mundo, bajo contextos políticos, sociales y
económicos muy importantes que explicaban claramente el porque de estas grandes
guerras e independencias. La experiencia durante estos dos años de mi
bachillerato fueron las más gratificantes en esta área de las ciencias sociales
y las que fundaron en mí el amor por la historia, por la lectura de medios
importantes de información y comunicación como el periódico, la radio y el buen
periodismo en general. (Desde ese momento y a partir de la experiencia que tuve
escribiendo en las clases de lengua castellana y para la revista del colegio,
supe que me gustaba el periodismo…).
En este mismo plano, parte de las experiencias
en el bachillerato que me defraudó realmente, fue saber y evidenciar como
efectivamente en las instituciones, y en las privadas sobretodo, por reducción
de costos y por otros intereses, que al final ninguno de ellos busca un interés
real por educar bien, mi profesora de
Filosofía, Ciencias Políticas y Ciencias Sociales de los últimos dos
años, no era siquiera licenciada en ninguna de estas áreas, se limitaba a
darnos bibliografía para realizar enormes talleres de mil preguntas que
consistían solo en transcribir el libro sin proponer nunca una discusión de los
temas ni de análisis de los mismo; todo esto mientras ella adelantaba algunos
estudios que ya debería tener para poder seguir dictando el curso. Aquí es
entonces donde cabe hacer una de las preguntas iniciales del curso ¿Se puede
realmente enseñar lo que no se conoce? , ¿Pueden enseñarse la historia y las
demás ciencias sociales sin tener una apropiación mínima de sus objetos y
problemas?, o ¿en qué condiciones podría pensarse una enseñanza desde el
no-conocimiento?; cuestiones que ingenuamente como adolescente me hice alguna
vez, pero que ahora puedo intentar responder con más formalidad.
Finalmente, la lectura de la
entrevista de Estanislao Zuleta es una fuerte provocación a construir un debate
de la situación de la educación escolar en el país, pero que en el marco de una
pronta reforma a la educación superior, nos hace también entrar a ver y a
discutir sobre el tema de la educación pública, de su calidad, como ente
sostenedor de un aparato político y socioeconómico de intereses muy lejanos a
lo que realmente puede llamarse libertad de expresión, libertad de decisión
y educación.
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