domingo, 24 de junio de 2012


SUBJETIVACIÓN, EXPERIENCIA Y LA POPUESTA DE LA MODERNIDAD


Continuando con el discurso de la modernidad, Michael Foucault nos recuerda como a través de la historia y hasta nuestros días en la pedagogía colombiana, como en muchos países latinoamericanos, desde la niñez el “pensar”, no es solo una negación, es un peligro político, social y religioso. Las dimensiones psíquicas del pensamiento y la percepción de las cosas, que nos conduce a la imaginación y la intuición, fueron “cosa de brujería e inquisición” en algunos periodos de la historia, pero aún son tema de estudio para el aparato educativo de nuestro país, que está atento a no caer en una “pedagogía de la subjetivación”.

La subjetivación entendida desde Foucault es “aquello permite a los individuos efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de los otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta o cualquier otra forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos, con el fin de alcanzar cierto grado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad; en pocas palabras se trataría del modo en que un individuo actúa sobre sí mismo." Esto no es más que el fin de la experiencia, como proceso de transformación que genera conciencia a partir de un acontecimiento.

Es así como, se hace evidente que todo proceso de conocimiento se convierte en la propia subjetivación del sujeto que quiere conocer, y esto no solo atiende como dice Foucault a una tendencia en la pedagogía si no a un cambio y transformación cultural. En esta era moderna de la que todavía no escapamos, se intenta negarle el valor y sentido al pensar como proceso de aprendizaje, y más que eso al sentimiento y la imaginación en una dimensión donde el sujeto incorpora lo que conoce a su vida y lo impregna de su subjetividad. Es por ello que es tan importante que en la educación escolar y universitaria, donde se cree hay mayor libertad de decisión y escogencia, un estudiante pueda tener la posibilidad de expresar su punto de vista, sus propias reflexiones, sabiendo que tienen valor.

Está claro entonces como la dimensión de la subjetividad es una amenaza clara que el estado intenta parar, cuando se trata de progreso y de orden social, y para la iglesia que tiene mediante creencias nos ha mantenido sometidos en su poder; porque si se nos permite pensar, imaginar, si somos sujetos de emociones,  saldremos a buscar la verdad y ya no seremos sujetos productivos para el sector económico, con obediencia civil, buenos ciudadanos participantes en los rituales democráticos y cristianos.

Como bien lo dice Edgar Garavito es en verdad la subjetivación una respuesta a la crisis de las ciencias humanas, porque como su nombre lo dice son humanas, y la modernidad nos arranca de lo humano, de poder imaginar y sentir. Son las ciencias humanas parte de nuestras vidas, de nuestra cotidianidad, por ello no desaparecen, yo como ingeniera no puedo ver las personas como números, la dimensión humana está allí pero la debemos desarrollar, para darle vida y la importancia que merecen a las ciencias que siempre estarán estudiando nuestro comportamiento, nuestras formas de vivir y relacionarnos, nuestro actuar social, nuestro todo lo que somos; porque estas también hacen parte de la gran “verdad de la vida”.

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