domingo, 24 de junio de 2012


EDUCACIÓN DE LA ESPERANZA. MODERNIDAD, CULTURA Y DIVERSIDAD (Hacia una fenomenología de la reconciliación)


El campo de combate de la educación, para utilizar términos de Zuleta, como todo lo social, económico y político de este país, esta en medio de una relación de tensiones principalmente de saber-poder y/o hegemonía o lo que bien llama Freire en Pedagogía del oprimido “adherencia” del oprimido al opresor, donde hemos adoptado ya una actitud de “resignación”.
Y en este discurso de las tensiones, tan mencionado por ambos autores, donde el poder del poder esta en crear subjetividad, en incidir en al conducta del otro por convicción o por seducción, mediante un discurso del saber, un saber que pretende ser progresista, objetivo, pero que en realidad son autoritarios, y se consideran propietarios del saber, como si el saber fuera único y absoluto. Esta fue precisamente la tesis, que con la práctica y experiencia que tuvo Paulo Freire, refutó y aprendió.

La modernidad precisamente es lo que nos muestra, a partir del movimiento de la construcción de la cultura en el mundo, un proceso, que como ocurrió con América y su descubrimiento, llegaron los españoles como “cultura soberana” buscando las riquezas de nuestros saberes y tierras, saberes que intentaron desaparecer. Ahora en un mal llamado Post-modernismo, se pretende que sea ”el saber”, globalizado y estándar, y la invitación de Freire es la de volver a reconocer que hay distintos saberes y que todos son igualmente válidos como lecturas del mundo que integran en lo que se quiere construir como un verdadero concepto de la enseñanza, que desde ”…una perspectiva democrática, nadie debería enseñar lo que sabe sin saber lo que saben, y en que nivel, aquellos y aquellas a quienes va a enseñar lo que sabe. Y sin respetar ese saber…”.

Recuperar la importancia y valor de estos saberes, es reconocerlos como parte de nuestra historia y presente, el saber de nuestros ancestros, de los pueblos aborígenes que fueron saqueados y que todavía están en su “intento” por desaparecer en un mundo globalizado y moderno, porque la sabiduría de las culturas diferentes a las culturas occidentales imperan en el mundo, dando lugar a “la salida de lo sagrado a lo profano”. En este sentido, de lo que nos habla Patricia Noguera en su texto Modernidad, cultura y diversidad, no es otra cosa mas que de la separación provocada por la razón entre lo divino y el hombre y como tendemos en un fenómeno moderno a la necesidad de una reconciliación, de una nueva integración de saberes.

Cabe entonces, ya entrados en este tema, analizar de qué se trata en este mundo moderno esa integración de saberes. Lo divino, lo sagrado, en nuestras tierras americanas, era interpretado como dioses a los que se llegaba y se buscaba entrar por medio de la adoración de la naturaleza y rituales de liberación, en espera de ese contacto final con estos mismos. Con la nueva moral cristiana, recién llegada de Europa, se nos impuso un solo dios, una sola cultura, donde todo aquello que les llevaba a acercarse a lo sagrado se convirtió en demoníaco o peor aún en comercial. Ahora, donde pese a tal separación del hombre, vemos como la idea de un dios de los cielos resucitado- o par algunos que aún no, como los Judíos- siguen vigente y se impone en el mundo como “el saber”, y aquellos saberes van desapareciendo. El debate fuerte con este tema, radica en que a tal separación que se ha venido presentando levemente del hombre con lo divino, se le culpa de estar cayendo en un mundo violento y de incivilidad, donde se renuncia a la naturaleza como origen del hombre y se pone éste por encima o en el centro de ella sin respeto, admiración ni soberanía, si no de enajenación.  Y en cierto sentido estoy de acuerdo, que sea por esta excusa o no, hemos llegado a una fuerte perversión de valores en el mundo, y como lo he dicho en varias ocasiones, si ha de se así, es mejor que el hombre vuelva a dios, para que tenga la excusa de volver a sus valores, a su familia, a ser “bueno”. 

No obstante, no es mediante una imposición del “saber de dios”, de una iglesia dominante que ha estado influenciando cada capitulo del mundo, que desconozca los demás saberes, que son incluso mas antiguos que la iglesia misma, que están llenos de valor histórico y cultural, de los que están llenos cada rincón de nuestros pueblos, municipios, regiones y países. Este es le verdadero aprendizaje, la identificación, el reconocimiento, el valor, el poder que tienen todos estos saberes juntos, que están en cada uno de los sujetos que deseamos aprender del saber adquirido que otros que nos quieren compartir y enseñar en un aula de clase, en un recinto de enseñanza, o en un buen discurso. 

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